Con el tiempo he aprendido a no creer en las palabras sino en las actitudes, porque a las primeras las rige la mente y las segundas son el reflejo de la esencia.
Aprendí, que no es cierto que la primera impresión es la que cuenta, que se necesita mucho más que eso para crear un concepto y ese punto todavía es relativo.
Aprendí, que no importa lo que digan, si no hago lo que siento me estoy traicionando y a la larga el precio que se paga por eso es muy alto.
Aprendí que es más fácil levantarse de una caída, si me animo a saltar, que de una cobardía.
Aprendí a ser libre, reconociendo mis puntos débiles y enfrentando mis miedos, antes de que estos me consuman y me sequen.
Aprendí que es el tiempo el que sana las heridas del amor.
Aprendí, que cuando se ama de verdad, se sufre mucho pero a la vez aprendes el doble.
He aprendido, que estar de un lado o estar de otro, es solo una barrera social, que cuando uno se atreve a escuchar la voz del corazón, crea su único y propio lado y ese es el que en verdad cuenta.
Aprendí a animarme, a arriesgarme, a jugarme y pelear por lo que creo que vale, porque eso me hace sentir alguien de bien, aunque se convierta a veces en algo peligroso.
Aprendí a seguir, aún, cuando creo que no puedo más ...
Aprendí, que no es cierto que la primera impresión es la que cuenta, que se necesita mucho más que eso para crear un concepto y ese punto todavía es relativo.
Aprendí, que no importa lo que digan, si no hago lo que siento me estoy traicionando y a la larga el precio que se paga por eso es muy alto.
Aprendí que es más fácil levantarse de una caída, si me animo a saltar, que de una cobardía.
Aprendí a ser libre, reconociendo mis puntos débiles y enfrentando mis miedos, antes de que estos me consuman y me sequen.
Aprendí que es el tiempo el que sana las heridas del amor.
Aprendí, que cuando se ama de verdad, se sufre mucho pero a la vez aprendes el doble.
He aprendido, que estar de un lado o estar de otro, es solo una barrera social, que cuando uno se atreve a escuchar la voz del corazón, crea su único y propio lado y ese es el que en verdad cuenta.
Aprendí a animarme, a arriesgarme, a jugarme y pelear por lo que creo que vale, porque eso me hace sentir alguien de bien, aunque se convierta a veces en algo peligroso.
Aprendí a seguir, aún, cuando creo que no puedo más ...

